CRÍTICA A CAMBIO DE UN COLUMNISTA

OPINIÓN

12 DE OCTUBRE DE 2011

  Me dirijo al diario Última Hora con todo respeto, con el fin de expresar mi más profunda decepción por la medida tomada por los miembros directivos de la distinguida Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC), con relación a la remoción de tan distinguida personalidad, como lo es el doctor Mario Ramos-Reyes, de su columna semanal Reflexiones de la ADEC en el diario Última Hora, que por seis años ha representado con dignidad y altura intelectual como pensador cristiano de nuestro medio.
El profesor doctor Mario Ramos-Reyes cuenta con una larga trayectoria como intelectual y escritor en el campo de la Filosofía Cristiana y Doctrina Social de la Iglesia.

Es un profesional de intachable reputación, por su honestidad profesional y defensor incansable de una auténtica identidad cristiana, que jamás ha conocido límites de distancia o tiempo.

Pues, al decir del mismo doctor Ramos-Reyes, en una entrevista en el Observador Semanal (8/4/2011) “De hecho, nunca me fui del Paraguay, o de corazón nunca he dejado de estar. Fruto de ello son los centenares de artículos que escribí con la Patria en el corazón”.

Y esto me consta a mí, que, como su esposa, he sido testigo de ello a lo largo de tantos años.

Desde la remoción del doctor Ramos-Reyes de la columna de la Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC), he seguido bien de cerca las reflexiones que le sucedieron, tratando de encontrar una respuesta no solo satisfactoria, sino por sobre todo justa, por la medida tomada por esa renombrada institución.

Se podría pensar que la ADEC se ha movido de una reflexión más filosófica cristiana a un análisis empresarial con algo de tinte cristiano, lo que jamás llega a alcanzar el nivel de un conocimiento fundamentado en una auténtica Doctrina Social Cristiana.

Debo admitir, con tremenda tristeza -y me atrevería a decir para muchos lectores también, sobre todo de aquellos que hemos seguido una lectura con profundo sentido de la realidad y de alta adhesión a esa identidad cristiana-, que hemos perdido la oportunidad de continuar siendo privilegiados con esas reflexiones que la ADEC hizo posible al público paraguayo durante tantos años. Reflexiones que han sido “inspiradas en valores que apuntan siempre a la transformación personal y al fortalecimiento de la sociedad civil”.

Distinguidos señores directivos de la ADEC: para terminar, solo quiero señalar que al dejar de lado la columna semanal del doctor Mario Ramos-Reyes, en su espacio que el mismo había aceptado gentilmente para trabajar con la ADEC años atrás, han acallado una de las pocas voces, tal vez la única, de un pensamiento inspirado en una fe razonable, base fundamental para toda conversión, pues solamente a través de una invitación reflexiva de la realidad, de una provocación, es como se transforman los corazones del hombre, y no a través de insulsos análisis de intereses sectoriales de la realidad, desconectados de una experiencia personal.

Agradeciendo de antemano la atención prestada, me despido atentamente.

Marina Carrizosa de Ramos-Reyes

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